La trashumancia

Desde hace siglos, la ganadería ha sido una parte sustancial de la economía segureña y ha modelado los paisajes de la comarca.
La profesión de pastor, transmitida y aprendida bajo el sol y la nieve, alrededor de la hoguera o en el mesón trashumante, es todo un arte que requiere temple, observación, paciencia y capacidad de sacrificio.
Gracias a los pastores se mantienen, no sólo una importante actividad económica, sino un complejo conjunto de saberes que siguen presentes en la paridera, el esquileo o la trashumancia, así como en cada aprisco, cada tornajo y cada refugio de pastores.La ganadería de la comarca está protagonizada por la oveja de raza segureña, una de las razas ibéricas oficialmente definida, que es explotada en régimen extensivo aprovechando los pastos de las zonas altas de la Sierra.
Los rebaños no suelen tener muchas cabezas y son pastoreados por los mismos propietarios y sus familiares. Es frecuente que un pequeño número de cabras forme parte del rebaño, para proveer de leche a la familia y amamantar a los corderos que proceden de partos gemelares.La producción está orientada a la carne, sobre todo a la venta de corderos.
La actividad ganadera se concentra en la zona sur de la comarca, especialmente en el municipio de Santiago-Pontones, cuyas características ambientales son propicias para ello. En las épocas más duras del invierno, cuando los pastizales están helados o cubiertos por la nieve, suele ser necesario complementar la alimentación del ganado con alfalfa y cebada.En cuanto al ganado caprino, destacan dos razas autóctonas, la Negra Serrana y la Blanca Celtibérica, ambas también perfectamente adaptadas a nuestro entorno.
Cada invierno, desde hace siglos, una parte importante de la cabaña ovina segureña emprende el largo camino de bajada hacia los pastaderos de la Sierra Morena jiennense y manchega, donde pasan varios meses alimentándose de los pastos propiciados por la benignidad del clima invernal de las tierras bajas.
Cuando la primavera esté cumplida y agotados los pastos de esas zonas, harán el camino de vuelta a sus agostaderos de origen, donde los pastos comienzan a estar crecidos y jugosos y les alimentarán hasta el verano.
La mayor parte de los rebaños trashumantes son del municipio de Santiago-Pontones, donde esta actividad es tan antigua, que en Sierra Morena se conoce a todos los pastores segureños como “pontoneros”. Las distancias recorridas oscilan entre los 150 y los 300 kilómetros, durando el viaje de 7 a 10 días. Las condiciones de trabajo para los pastores durante los trayectos de ida y vuelta son muy duras: largas caminatas bajo toda clase de inclemencias meteorológicas, vigilancia continua del ganado, atención a las diversas incidencias que van surgiendo y noches durmiendo en tinadas, descansaderos o al raso, haciendo turnos de guardia para evitar que el ganado escape.
Viajar hasta donde hay alimento disponible en cada época del año, aprovechando la complementariedad climática de las zonas altas y las bajas, es un ejemplo de desarrollo sostenible y de aprovechamiento ecológico de los recursos, que hay que conservar y fomentar.
Frente a la estabulación permanente o temporal, que requiere llevar el alimento a donde está el ganado, la trashumancia hace lo contrario, evitando la compra de piensos compuestos, que son caros y cuya producción y transporte conlleva fuertes gastos de agua y energía.
Además descarga a nuestros montes de una parte del ganado durante varios meses permitiendo la regeneración de los pastos, aliviando la constante presión sobre la vegetación y disminuyendo la competencia con la fauna silvestre por el alimento.
Actualmente, su continuidad está amenazada por los altos precios de arriendo de las fincas de Sierra Morena, la escasez de mano de obra debido a la dureza de las condiciones de vida trashumantes y las malas condiciones en que se halla parte de la red de caminos por los que se desplazan los ganados.
Las vías pecuarias son los caminos utilizados por el ganado desde la Edad Media para trasladarse y alimentarse durante sus desplazamientos trashumantes. Su anchura puede alcanzar hasta los 75 metros y en toda España forman una extensa red de 124.000 kilómetros de longitud. Aunque históricamente han sido degradadas de muchas formas, la legislación actual ha consolidado su carácter de propiedad pública, por lo que su ocupación y destrucción es ilegal.
Las vías pecuarias segureñas son un patrimonio de extraordinario valor, porque sin ellas no sería posible la trashumancia, por su valor histórico y cultural, y por ser un importante recurso turístico y educativo.
La red de vías pecuarias tiene en el interior del Parque Natural Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, una longitud de 741 kilómetros y una superficie de 2.242 hectáreas.

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